El último acto de arteduna por este curso fue el cineforum con la película "un condenado a muerte se ha escapado" de Robert Bresson. Es una gran película. Es muy sencilla en su construcción y en eso está quizá su encanto. Probablemente para los amantes del cine de acción no sea muy movida pero tiene un suspense que no tienen la mayoría de las peliculas de ese tipo. Y probablemente su suspense le viene de la acción tan contenida que propicia el desasosiego del espectador. Todo sucede en unos pocos metros cuadrados y poco más pero la incertidumbre va creciendo poco a poco hasta la catarsis final. También es curiosa la falta de crítica política que subyace en la cinta. Se da una visión de los otros, los carceleros, más que como seres humanos buenos o malos, como seres casi inexistentes, como una imagen en off, pues solo se oyen de vez en cuando sus voces para dar ordenes a los prisioneros y una mano con la que entregan la comida, pero no son como los malos arquetipicos de las películas de nazis, de caricatura o de chiste, lo cual no resalta en modo alguno su maldad sino que la vulgariza y le quita veracidad. Solo de lo que yo recuerde, la lista de Schindler evoca una maldad realmente humana, por lo irraciomnal a veces, pero dentro de personas que tienen otras caracteristicas a parte de la maldad y no son como soldados de madelman que son así por haber sido creados de cierta manera. También había otra película en la que era protagonista Burt Lancaster, haciendo de médico implicado en las matanzas de judios. En ella el protagonista era una especie de juez de si mismo y reconocía la responsabilidad de los que recibían ordenes de los gerifaltes del nacionalsocialismo, en un alegato estremecedor por la forma y por el fondo. Lamentablemente no recuerdo el título de la película. Merece la pena ver "UN condenado a muerte se ha escapado" para los que no lo hayais hecho.
Anteriormente se pasó la película de Bergman "Fresas salvajes". Es una gran película también, aunque lo que yo he visto de este director no me han convertido en un seguidor fiel. Pero hay que reconocer que tiene muchas virtudes como la gran precisión con la que en poco tiempo -88 minutos-, dibuja el caracter de varios de los personajes. Yo me quedo con eso y eso basta para que la película sea merecedora de verse. Añadido a ello hay el aliciente de ver a un jovencisimo, para mis pocos conocimientos de cine, Max Von Sidow, haciendo un papel muy extraño en él para los que solo le conopcemos en sus actuaciones como artista ya consagrado. Y nada más solo me queda una reseña de películas, "El bazar de las sorpresas" de Lubistch, y espero tenerla pronto, si alguien está oyendo o leyendo esto que me diga donde conseguirla si es posible gratis. Os recomiendo a parte de estas películas, "El extraño" de Orson Wells, y la moderna película- en cartelera-, "La vida sin Grace" con John Cussack. Comunicaros que Verónica está de nuevo en ESpaña y que Marta vino al recital de poesía, y que mis amigos Inés, cinéfila empedernida, y Alfonso, el más fiel seguidor mio de arteduna, vinieron a la película de Bresson. Quizá en otra reseña hable del curso de poesía e interpretación. Se echó de menos en el cine forum a Maria José que si está leyendo esto espero que esté ya curada de sus problemas dentales y a Antonio al que espero que le vaya muy bien y pueda pegarnos algún puñetazo pronto a más de uno. Un saludo y felices vacaciones a los que se van, yo tengo trabajo y además debo hacer proselitismo.
domingo, 29 de junio de 2008
jueves, 12 de junio de 2008
recital poesía y ritmo
El pasado día 7 de junio fue el recital de poesía y ritmo, con escasa asistencia para ser sinceros, pero selecta. Allí estuvimos para apoyar a Maris, Paco e Ignacio. Los tres estuvieron increibles, sobre todo a la hora de recitar poemas de Nicolás Guillén con acento cubano. Paco en un momento dado parecía que iba a hacer temblar los cimientos del edificio, y la gente desde luego, se enteró de que estábamos allí. Llegamos Ignacio, Roberto y yo con los bártulos y al poco se tuvo que ir Roberto al trabajo. Nos quedamos solos Ignacio y yo y pensamos por un momento que el recitase y yo aplaudiera, pero tuvimos fe y al final empezó a llegar la gente. Hubo buena acústica y anuncios del acto por el local de casa del libro. Por cierto que hay posibilidad de hacer algún recital en la casa del libro central, y otras cosas, porque arteduna necesita romper barreras que le impulsen. Yo me estoy convenciendo de que soy gafe para arteduna, porque acto al que voy, fracaso de gente asistente. El otro día es verdad que competimos con la feria del libro, y era fin de semana además. Espero que en el futuro esto cambie, porque arteduna se lo merece, aunque a mí me ha entrado la murria y me ha salido algo que no sé si tiene ritmo ni si es poesía.
No se si viviré para saber que es
Aquello que los poetas llaman amor.
Ni siquiera se si sabré lo que significa para
Las personas normales.
Yo no soy una persona normal.
No me lo parezco.
No se si los demás me ven cuando paseo por la calle.
No sé si viviré para saber que he conocido
Lo que todos llaman vida.
Confieso que no sé si he vivido,
Y que no sé si viviré alguna vez.
No sé si alguien ha sentido por mí
Alguna vez,
Esa palabra que adoran los poetas,
Y que dicen que es lo contrario del miedo.
No sé ni siquiera si he sentido algo así
Por mi mismo.
Amor yo?
Por mí?
Quizá
En algún lugar remoto de mi infancia,
antes de conocer a la señora mentira.
Antes de que me presentaran
a la negra señora muerte.
Quizá la madre Teresa de Calcuta, con la publicación reciente de su larguísima noche oscura del alma me ayude a encontrar un camino, os ayude a otros también. Ella quiso que su oscuridad fuera luz para otros, que fuera un lapiz de dios que nos dibujara el camino. Que yo y arteduna encontremos, gracias a ella-a sus cartas-, gracias a todos los que nos sigan, gracias a los que nunca llegaron aningun sitio, el camino.
PD: De parte de Maria José que visiteis la exposición "retratos del renacimiento" en el museo del Prado, merece la pena hacerlo, y yo Cisne Alvar lo corroboro. Solo cuesta ocho euros.
No se si viviré para saber que es
Aquello que los poetas llaman amor.
Ni siquiera se si sabré lo que significa para
Las personas normales.
Yo no soy una persona normal.
No me lo parezco.
No se si los demás me ven cuando paseo por la calle.
No sé si viviré para saber que he conocido
Lo que todos llaman vida.
Confieso que no sé si he vivido,
Y que no sé si viviré alguna vez.
No sé si alguien ha sentido por mí
Alguna vez,
Esa palabra que adoran los poetas,
Y que dicen que es lo contrario del miedo.
No sé ni siquiera si he sentido algo así
Por mi mismo.
Amor yo?
Por mí?
Quizá
En algún lugar remoto de mi infancia,
antes de conocer a la señora mentira.
Antes de que me presentaran
a la negra señora muerte.
Quizá la madre Teresa de Calcuta, con la publicación reciente de su larguísima noche oscura del alma me ayude a encontrar un camino, os ayude a otros también. Ella quiso que su oscuridad fuera luz para otros, que fuera un lapiz de dios que nos dibujara el camino. Que yo y arteduna encontremos, gracias a ella-a sus cartas-, gracias a todos los que nos sigan, gracias a los que nunca llegaron aningun sitio, el camino.
PD: De parte de Maria José que visiteis la exposición "retratos del renacimiento" en el museo del Prado, merece la pena hacerlo, y yo Cisne Alvar lo corroboro. Solo cuesta ocho euros.
jueves, 29 de mayo de 2008
Homenaje y ÁNIMO a Antonio Sanchez
TAÑIDOS DE CAMPANA por Antonio Manuel Sánchez Diego
No dejes pasar el momento fugaz, en que palpita la existencia en un instante, en que sientes tu cuerpo y no añoras nada, porque estás consciente. Yérguete a la cima del camino y párate, verás el horizonte teñido de tiempo, de un tiempo presente. El horizonte no tiene color definido, solo tiempo que no pasa; no hay final en él, solo un destino incierto, atractivo y desafiante. Quien lo mira, trata de descifrar sus entrañas, su densidad y espesura que no deja ver el final. Pero ese es el precio de su belleza que, como todo lo bello, se acerca para que te asombres, zarandeándote con la suavidad de unas aguas estancadas. Déjate zarandear por su inmensidad que es única, como todo aquello que resplandece callada y majestuosamente en el recuerdo.
Aquel día, estaba yo tomando una copa de vino tinto en una cafetería, mis manos la tenían cogida por el pie estilizado que sale de su base, haciéndola girar en una y otra dirección, al tiempo que miraba atentamente su contenido color nazareno. Observaba la corona que forma la superficie del preciado brebaje junto al cristal en su parte interior y buscaba inconscientemente a través de su transparencia el fondo de la misma. En este preciso instante percibí su olor, era un olor penetrante y agradable que estuve saboreando un buen rato. Luego me fui dando cuenta de que ese olor me iba descubriendo algo que no acertaba a comprender y a base de pensar que me estaba ocurriendo, vino a mi memoria un recuerdo de mi niñez. El olor había despertado mi memoria.: Yo era un niño que no había llegado aún a la adolescencia cuando me enseñaron en mi casa a graduar el vino que llegaba a nuestros almacenes procedentes de otras bodegas. Era un voto de confianza que, a mi personalmente, me daba seguridad. Y me aplique a tal tarea con tanta disciplina que llegué a poder discernir lo que era mejor y lo que no lo era tanto. Aprendí a oler el interior de las cubas para saber su estado y a mirar a través del cristal de los vasos la transparencia de los diferentes colores. Aprendí a graduar el vino y creo yo que algo mas que el vino que solo olía y miraba. Yo creo que aprendí a discernir el vino y a disfrutar de otras cosas, como por ejemplo la del silencio que provocaban los catadores a la hora de la prueba.
El olor de la copa de vino que estaba mirando en este momento, estaba produciendo en mi una transformación. Sonó tan intensamente dentro de mi el eco interior que, el silencio de fuera me parecía un estruendo. Inmóvil, casi imperceptible a mis movimientos, me puse a escuchar el sonido intangible de mis sensaciones. No quería salir de él, no quería volver atrás, no quería la diversidad, solo deseaba, si es que podía, el vacío insoslayable de la unidad.
Escuché con atención, escuché una y otra vez la vibración interior y siempre aparecía el olor embriagador de la verdad lejana. Pero, sabiéndome aún no consciente de ella, escudriñe por el camino de la silenciosa soledad por si podía discernir alguna claridad. Y así me aparecieron imágenes de aquellos tiempos, imágenes encantadoras e inolvidables, como las del anciano que me visitaba casi todas las tardes a tomarse en mi compañía un vaso de vino que yo le regalaba a cambio de su compañía. Algo inclinado por la leve cojera que le obligaba a llevar bastón, transmitía a través de su mirada la sabiduría de los años vividos. Sus ojos llorosos contenían lágrimas en sus párpados que los convertían en claros y serenos. Yo recuerdo su mirada en este momento como si fuera ayer, por su autenticidad, por su elegancia, por su aceptación, y digo aceptación porque nunca le vi caer las lagrimas que se mantenían en equilibrio con su vida. Tantas otras imágenes se sucedían cada vez que percibía el olor, si bien persistía la del anciano.
Giré la copa con fuerza suficiente cómo para que el vino adquiriese un movimiento circular y de vaivén que, le hacía subir y bajar de una parte a otra cómo si se tratara de una ola. Me quedé mirando la oscilación del movimiento que no cesaba pero, al disminuir su inercia, lo hacía de tal manera que creó un ritmo de sosiego creciente en mi, conforme iba consiguiendo su forma plana de equilibrio. Cuando lo consiguió, me quedé estático, mirando al fondo de la copa a través de la superficie. Yo, había conseguido también un equilibrio a través del vino y su color. Volví a ver al anciano sentado en una cuba junto a mi, nos separaba un vaso de vino al que le faltaban algunos sorbos. La cuba, no era grande, lo que permitía sentarnos con una determinada comodidad. El tapón de corcho que cerraba la boca, sobresalía un poco y él lo tocó con un dedo en una zona especialmente manchada de vino que, se llevó a la nariz para expresar una sonrisa de aprobación.. No dijo nada, solo una sonrisa esbozaron sus labios, inundándole la cara de alegría. Yo, me sonreí también y le acerqué el vaso de vino, invitándole a beber. El lo cogió con sus manos temblorosas y tomó un sorbo, después de haberlo olido. Era la conversación de un niño y un anciano en una bodega, una conversación callada pero, llena de contenido. Aquel lugar, iba a marcar en mi, un antes y un después : El olor del vino, la conversación silenciosa, la sabia mirada de unos ojos serenos y el equilibrio de unas lágrimas contenidas. Todo ello, por nada, solo el destino.
Removí un poco la copa nuevamente, y como si hubiera pasado página vi al anciano representado por detrás, era la imagen de cuando se iba después de despedirse. Su andar era lento y cadencioso como una melodía. La visera calada, la chaqueta y el pantalón de pana acompañaban su cuerpo en cada movimiento con su mirada al frente que yo intuía. Cada paso que daba, hablaba, dibujaba en el suelo el leve rastreo de su pierna mala y según iba desapareciendo de mi vista, veía dibujada en el horizonte su espalda inclinada y la iglesia situada al fondo de la calle. La campana comenzó a sonar para la oración del atardecer, y el ritmo de su sonido, coincidía con los pasos del anciano. Un paso : un sonido; cada movimiento de sus piernas: un balanceo de campana; cada movimiento: un verso; cada balanceo : una canción. Una imagen sencilla para no olvidar, para mantener en el recuerdo. El último tañido de campana, coincidió cuando su cuerpo desapareció en mi pequeño pero querido horizonte.
Miré por última vez la copa de vino, ya no la giré mas, me había bastado su olor para remover mis recuerdos, su color para desvelarlos y de esta forma poder volver a oír algún tañido de campana de mi memoria que yo agradecí.
Antonio Manuel Sánchez Diego
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No dejes pasar el momento fugaz, en que palpita la existencia en un instante, en que sientes tu cuerpo y no añoras nada, porque estás consciente. Yérguete a la cima del camino y párate, verás el horizonte teñido de tiempo, de un tiempo presente. El horizonte no tiene color definido, solo tiempo que no pasa; no hay final en él, solo un destino incierto, atractivo y desafiante. Quien lo mira, trata de descifrar sus entrañas, su densidad y espesura que no deja ver el final. Pero ese es el precio de su belleza que, como todo lo bello, se acerca para que te asombres, zarandeándote con la suavidad de unas aguas estancadas. Déjate zarandear por su inmensidad que es única, como todo aquello que resplandece callada y majestuosamente en el recuerdo.
Aquel día, estaba yo tomando una copa de vino tinto en una cafetería, mis manos la tenían cogida por el pie estilizado que sale de su base, haciéndola girar en una y otra dirección, al tiempo que miraba atentamente su contenido color nazareno. Observaba la corona que forma la superficie del preciado brebaje junto al cristal en su parte interior y buscaba inconscientemente a través de su transparencia el fondo de la misma. En este preciso instante percibí su olor, era un olor penetrante y agradable que estuve saboreando un buen rato. Luego me fui dando cuenta de que ese olor me iba descubriendo algo que no acertaba a comprender y a base de pensar que me estaba ocurriendo, vino a mi memoria un recuerdo de mi niñez. El olor había despertado mi memoria.: Yo era un niño que no había llegado aún a la adolescencia cuando me enseñaron en mi casa a graduar el vino que llegaba a nuestros almacenes procedentes de otras bodegas. Era un voto de confianza que, a mi personalmente, me daba seguridad. Y me aplique a tal tarea con tanta disciplina que llegué a poder discernir lo que era mejor y lo que no lo era tanto. Aprendí a oler el interior de las cubas para saber su estado y a mirar a través del cristal de los vasos la transparencia de los diferentes colores. Aprendí a graduar el vino y creo yo que algo mas que el vino que solo olía y miraba. Yo creo que aprendí a discernir el vino y a disfrutar de otras cosas, como por ejemplo la del silencio que provocaban los catadores a la hora de la prueba.
El olor de la copa de vino que estaba mirando en este momento, estaba produciendo en mi una transformación. Sonó tan intensamente dentro de mi el eco interior que, el silencio de fuera me parecía un estruendo. Inmóvil, casi imperceptible a mis movimientos, me puse a escuchar el sonido intangible de mis sensaciones. No quería salir de él, no quería volver atrás, no quería la diversidad, solo deseaba, si es que podía, el vacío insoslayable de la unidad.
Escuché con atención, escuché una y otra vez la vibración interior y siempre aparecía el olor embriagador de la verdad lejana. Pero, sabiéndome aún no consciente de ella, escudriñe por el camino de la silenciosa soledad por si podía discernir alguna claridad. Y así me aparecieron imágenes de aquellos tiempos, imágenes encantadoras e inolvidables, como las del anciano que me visitaba casi todas las tardes a tomarse en mi compañía un vaso de vino que yo le regalaba a cambio de su compañía. Algo inclinado por la leve cojera que le obligaba a llevar bastón, transmitía a través de su mirada la sabiduría de los años vividos. Sus ojos llorosos contenían lágrimas en sus párpados que los convertían en claros y serenos. Yo recuerdo su mirada en este momento como si fuera ayer, por su autenticidad, por su elegancia, por su aceptación, y digo aceptación porque nunca le vi caer las lagrimas que se mantenían en equilibrio con su vida. Tantas otras imágenes se sucedían cada vez que percibía el olor, si bien persistía la del anciano.
Giré la copa con fuerza suficiente cómo para que el vino adquiriese un movimiento circular y de vaivén que, le hacía subir y bajar de una parte a otra cómo si se tratara de una ola. Me quedé mirando la oscilación del movimiento que no cesaba pero, al disminuir su inercia, lo hacía de tal manera que creó un ritmo de sosiego creciente en mi, conforme iba consiguiendo su forma plana de equilibrio. Cuando lo consiguió, me quedé estático, mirando al fondo de la copa a través de la superficie. Yo, había conseguido también un equilibrio a través del vino y su color. Volví a ver al anciano sentado en una cuba junto a mi, nos separaba un vaso de vino al que le faltaban algunos sorbos. La cuba, no era grande, lo que permitía sentarnos con una determinada comodidad. El tapón de corcho que cerraba la boca, sobresalía un poco y él lo tocó con un dedo en una zona especialmente manchada de vino que, se llevó a la nariz para expresar una sonrisa de aprobación.. No dijo nada, solo una sonrisa esbozaron sus labios, inundándole la cara de alegría. Yo, me sonreí también y le acerqué el vaso de vino, invitándole a beber. El lo cogió con sus manos temblorosas y tomó un sorbo, después de haberlo olido. Era la conversación de un niño y un anciano en una bodega, una conversación callada pero, llena de contenido. Aquel lugar, iba a marcar en mi, un antes y un después : El olor del vino, la conversación silenciosa, la sabia mirada de unos ojos serenos y el equilibrio de unas lágrimas contenidas. Todo ello, por nada, solo el destino.
Removí un poco la copa nuevamente, y como si hubiera pasado página vi al anciano representado por detrás, era la imagen de cuando se iba después de despedirse. Su andar era lento y cadencioso como una melodía. La visera calada, la chaqueta y el pantalón de pana acompañaban su cuerpo en cada movimiento con su mirada al frente que yo intuía. Cada paso que daba, hablaba, dibujaba en el suelo el leve rastreo de su pierna mala y según iba desapareciendo de mi vista, veía dibujada en el horizonte su espalda inclinada y la iglesia situada al fondo de la calle. La campana comenzó a sonar para la oración del atardecer, y el ritmo de su sonido, coincidía con los pasos del anciano. Un paso : un sonido; cada movimiento de sus piernas: un balanceo de campana; cada movimiento: un verso; cada balanceo : una canción. Una imagen sencilla para no olvidar, para mantener en el recuerdo. El último tañido de campana, coincidió cuando su cuerpo desapareció en mi pequeño pero querido horizonte.
Miré por última vez la copa de vino, ya no la giré mas, me había bastado su olor para remover mis recuerdos, su color para desvelarlos y de esta forma poder volver a oír algún tañido de campana de mi memoria que yo agradecí.
Antonio Manuel Sánchez Diego
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miércoles, 28 de mayo de 2008
artículo-reseña de Nuria en revistamonelle
"Olvídame y te seré devuelta"
Página Abierta
The Dancer
Por Nuria Fernández
Danzar significa fluir, estar en el cosmos, sentir la complejidad del cosmos tanto como contener el Universo dentro de uno mismo. La forma será el canal. ¿De qué nos vestiremos para la ocasión?
Mostrar el alma. El cuerpo con que se viste el alma, se viste de espíritu. Revelarse a uno mismo o revelar a la humanidad la porción y posición del universo dentro de nosotros. Y romper con las formas preestablecidas, como Shiva en su danza inocente. Y volver si se quiere a ellas, con la mente libre. Y entonces…, cuando se desarrolla la habilidad innata de afinar las sensaciones del cuerpo, cuando la emoción se ajusta ágilmente como suave brisa o torrente eléctrico…, y la mente en ese momento no es más que presencia atenta ante lo que acontece, para ser sensible a las fluctuaciones de la energía, para explorar sus interrelaciones hacia el espacio y la vida, en todas direcciones y hacia el mundo y hacia ti, visible o invisiblemente…, hasta en la pausa…, sabe el momento.
Si sucede así en la obra de cada uno, la obra es la vida misma. Y también si sucede así en la obra creativa, o si sucede así cuando uno danza, o escribe o canta, como es el caso de P.J.Harvey en The Dancer, en una ocasión especial como lo es un concierto en directo y sucede…, que todo se colocó en su sitio justo y apareció la magia.
Allí sentada, frente a un piano, como ante cualquier otro acto sagrado de la vida, revelando lo que la atravesaba, vistiéndose de ese color, vistiéndose de esa vivencia, en ese momento transformada y vertida como una ofrenda, a través de sus túneles singulares. Y entonces todas las constelaciones parecen gravitar alrededor de la ofrenda pequeña. Y siento así que todas las ofrendas de todos los oficios, de todas las personas, vocaciones danzan al unísono. Sin embargo sólo hay un camino: desnudarse.
Esta canción “The Dancer”, pertenece al disco: “To Bring You My Love”. Lo había escuchado muchas veces, pero nunca como cuando la escuché un día, donde mis colores eran similares a los suyos y donde sentía una porción de universo que ella cantaba y no lo hacía para un estudio. Con tanta tanta intensidad y… Vestidas con ese color del universo íntimo, con azules, rojos, negros…, diciendo: estás dentro de mí y vuelas…
Sobretodo deciros para quién no la conozca todavía, que P. J. Harvey es una de las voces más potentes, personales y adictivas del rock, con una mezcla de femenino y masculino danzante en su androginia. Lo que hace pero que muy bien es INTERPRETAR, aquí lo hizo. Y vi entonces…, a alguien.
Nuria Fernández
The Dancer
he came riding fast like a phoenix out of fire flames
he came dressed in black with a cross bearing my name
he came bathed in light and the splendor and glory
i can't believe what the lord has finally sent me
he said dance for me, fanciulla gentil
he said laugh a while, i can make your heart feel
he said fly with me, touch the face of the true god
and then cry with joy at the depth of my love
cause i've prayed days, i've prayed nights
for the lord just to send me home some sign
i've looked long, i've looked far
to bring peace to my black and empty heart
my love will stay till the river bed run dry
and my love lasts long as the sunshine blue sky
i love him longer as each damn day goes
the man is gone and heaven only knows
cause i've cried days. i've cried nights
for the lord just to send me up some sign
is he near? is he far?
bring peace to my black and empty heart
so long day. so long night
good lord, be near me tonight
is he near? is he far?
bring peace to my black and empty heart
Página Abierta
The Dancer
Por Nuria Fernández
Danzar significa fluir, estar en el cosmos, sentir la complejidad del cosmos tanto como contener el Universo dentro de uno mismo. La forma será el canal. ¿De qué nos vestiremos para la ocasión?
Mostrar el alma. El cuerpo con que se viste el alma, se viste de espíritu. Revelarse a uno mismo o revelar a la humanidad la porción y posición del universo dentro de nosotros. Y romper con las formas preestablecidas, como Shiva en su danza inocente. Y volver si se quiere a ellas, con la mente libre. Y entonces…, cuando se desarrolla la habilidad innata de afinar las sensaciones del cuerpo, cuando la emoción se ajusta ágilmente como suave brisa o torrente eléctrico…, y la mente en ese momento no es más que presencia atenta ante lo que acontece, para ser sensible a las fluctuaciones de la energía, para explorar sus interrelaciones hacia el espacio y la vida, en todas direcciones y hacia el mundo y hacia ti, visible o invisiblemente…, hasta en la pausa…, sabe el momento.
Si sucede así en la obra de cada uno, la obra es la vida misma. Y también si sucede así en la obra creativa, o si sucede así cuando uno danza, o escribe o canta, como es el caso de P.J.Harvey en The Dancer, en una ocasión especial como lo es un concierto en directo y sucede…, que todo se colocó en su sitio justo y apareció la magia.
Allí sentada, frente a un piano, como ante cualquier otro acto sagrado de la vida, revelando lo que la atravesaba, vistiéndose de ese color, vistiéndose de esa vivencia, en ese momento transformada y vertida como una ofrenda, a través de sus túneles singulares. Y entonces todas las constelaciones parecen gravitar alrededor de la ofrenda pequeña. Y siento así que todas las ofrendas de todos los oficios, de todas las personas, vocaciones danzan al unísono. Sin embargo sólo hay un camino: desnudarse.
Esta canción “The Dancer”, pertenece al disco: “To Bring You My Love”. Lo había escuchado muchas veces, pero nunca como cuando la escuché un día, donde mis colores eran similares a los suyos y donde sentía una porción de universo que ella cantaba y no lo hacía para un estudio. Con tanta tanta intensidad y… Vestidas con ese color del universo íntimo, con azules, rojos, negros…, diciendo: estás dentro de mí y vuelas…
Sobretodo deciros para quién no la conozca todavía, que P. J. Harvey es una de las voces más potentes, personales y adictivas del rock, con una mezcla de femenino y masculino danzante en su androginia. Lo que hace pero que muy bien es INTERPRETAR, aquí lo hizo. Y vi entonces…, a alguien.
Nuria Fernández
The Dancer
he came riding fast like a phoenix out of fire flames
he came dressed in black with a cross bearing my name
he came bathed in light and the splendor and glory
i can't believe what the lord has finally sent me
he said dance for me, fanciulla gentil
he said laugh a while, i can make your heart feel
he said fly with me, touch the face of the true god
and then cry with joy at the depth of my love
cause i've prayed days, i've prayed nights
for the lord just to send me home some sign
i've looked long, i've looked far
to bring peace to my black and empty heart
my love will stay till the river bed run dry
and my love lasts long as the sunshine blue sky
i love him longer as each damn day goes
the man is gone and heaven only knows
cause i've cried days. i've cried nights
for the lord just to send me up some sign
is he near? is he far?
bring peace to my black and empty heart
so long day. so long night
good lord, be near me tonight
is he near? is he far?
bring peace to my black and empty heart
jueves, 22 de mayo de 2008
Articulo De Francisco Glez. Castro en revista Monelle
Leyendo a Adam Zagajewski por Francisco G.C.
“Amas la palabra igual que un tímido mago ama un momento de silencio?...”Adam Z.
La poesía no puede ser un objeto, ni verbal ni intelectual. Tampoco debería ser una pista de carreras, donde acuciar al talento, aunque en el curso del aprendizaje de su oficio, los poetas no puedan evitar cometer algunos de esos errores. Tal vez, de todos modos, no sean errores, hasta podríamos calificarlos de virtudes, pero lo que no podríamos es concebirlos todavía como poesía.
Un buen poema, por otra parte, no es nunca el resultado de la destreza del poeta. Es también el resultado de su conocimiento y de sus experiencia, de sus emociones, y de si todo eso ha destilado, por lo menos en un instante, en el instante del poema, una plenitud o la belleza, que pueden no ser nada, más que lo que ese instante quiso ser, pero que puede ser también la expresión de una sabiduría.
No obstante, a veces, ni siquiera todo eso nos da el poema, porque el poema es también lo que la vida quiere que sea, y no sólo lo que el poeta puede darnos.
Por último, queriendo escribir un buen poema, alguna gente se esfuerza hacia arriba, porque creen que sólo se trata de subir más alto (más alto que algún otro), cuando en realidad deberían esforzarse hacia abajo. Verás, le diría, no hay la manera de ser algún otro, que la de ser ese otro, y no hay la manera de expresar conocimiento o sabiduría, si no se ha alcanzado sabiduría o conocimiento, lo cual precisamente no puede alcanzarse, porque la verdadera sabiduría o conocimiento es algo que se filtra, más bien que se alcance, y cuando se filtra, es que está sucediendo algo muy importante, muy profundo dentro de nosotros. En cualquier caso, cuando queremos alcanzarlo, como se alcanza lo demás, tampoco nos estamos portando con mucha sabiduría.
Tampoco la sabiduría es un objeto.
Y la humanidad? Para algunos, sencillamente, no llegará nunca, o ellos tendrán que vivir otra fase de eso que llamamos humanidad. Se puede alcanzar, por ejemplo, la humanidad de Machado? O la de Zagajewski?
Benditos sean los poetas con la humanidad de Machado y la de Zagajewski, la profundidad que ellos han sedimentado, la emoción sedimentada de la que ha parecido surgir la alegría o la melancolía clara de sus poemas. Bienvenidos poetas como ellos en los que la conciencia casi parece fundirse o confundirse con la llama serena de la compasión.
La compasión, la serenidad, la melancolía (la mejor especie de melancolía, la que va con la mirada), nutren y originan los poemas de Zagajewski. Sus versos surgen de esa mirada:
“La tormenta tenía dorados cabellos manchados de negrura y gemía monótona como una mujer vulgar que da luz a un futuro soldado, quizás a un tirano.
Las inmensas nubes, buques de varios pisos, nos rodeaban, y los hilos escarlatas de los relámpagos se movían rápidos y nerviosos.
La autopista se transformó en el Mar Rojo. Íbamos por la tormenta como por un abrupto valle. Tú conducías; te miraba con amor.
No siempre, sin embargo, ha sido así. Zagajewski nació en Polonia (Lvov, 1945, hoy en día Ucrania), y las circunstancias políticas de su época y de su país determinaron su inicial postura poética, crítica y de compromiso. Pero más adelante se sintió “limitado” por ese tipo de poesía, lo que coincidió con su salida de Polonia, y entonces descubrió la “alegría” de un tipo de escritura más personal, de una poesía que, en sus propias palabras, “acaba siendo la ciencia de lo cotidiano”. Más tarde, diría también: “la poesía está en otra parte, más allá de las inmediatas luchas partidistas”.
Algo de esa mirada de Zagajewski parece surgir también de su condición de exiliado o de viajero. Los paisajes, los seres humanos, las cosas, incluso los acontecimientos, parecen flotar como nubes que transportan recuerdos unas veces, alimento inmediato otras, tal vez ese alimento espiritual que transporta lo contemplativo, y donde la obra de arte se transforma también en un medio vivo de acceder al sentido más sublime de “esa ciencia de lo cotidiano”. En resumen, la cultura, lo que habitualmente llamamos así, renace en ese contacto fugaz y sin prisas de las cosas con el viajero.
Es otra característica de la poesía de Zagajewski: la ausencia de prisas y, sin embargo, la fugacidad, el movimiento, el sentido de la pérdida, que hay en el exiliado, no sólo de su país, sino también de una parte importante de su memoria y de su tiempo, ahora compensado por una pluralidad de imágenes en imperfecta rotación, que acaso tiene mucho que ver con la belleza, con una belleza que parte y que a la vez no descansa.
Tal vez sólo en la totalidad, pero entonces ya no es sólo belleza. Zagajeswski también acierta al describir esto:
La música que escuchaba contigo en casa o en el coche o incluso durante un paseo no siempre sonaba tan pura como quisieran los afinadores de pianos; a veces se inmiscuían voces llenas de pánico, de dolor, y entonces aquella música era mucho más que música, era nuestro vivir y nuestro morir.
Poemas de Adam Zagajweski extraídos de los siguientes libros:“Deseo”, Ed. El Acantilado, traducción de X. Farré.“Antenas”, Ed. El Acantilado”, traducción de X. Farré.
Francisco González Castro
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“Amas la palabra igual que un tímido mago ama un momento de silencio?...”Adam Z.
La poesía no puede ser un objeto, ni verbal ni intelectual. Tampoco debería ser una pista de carreras, donde acuciar al talento, aunque en el curso del aprendizaje de su oficio, los poetas no puedan evitar cometer algunos de esos errores. Tal vez, de todos modos, no sean errores, hasta podríamos calificarlos de virtudes, pero lo que no podríamos es concebirlos todavía como poesía.
Un buen poema, por otra parte, no es nunca el resultado de la destreza del poeta. Es también el resultado de su conocimiento y de sus experiencia, de sus emociones, y de si todo eso ha destilado, por lo menos en un instante, en el instante del poema, una plenitud o la belleza, que pueden no ser nada, más que lo que ese instante quiso ser, pero que puede ser también la expresión de una sabiduría.
No obstante, a veces, ni siquiera todo eso nos da el poema, porque el poema es también lo que la vida quiere que sea, y no sólo lo que el poeta puede darnos.
Por último, queriendo escribir un buen poema, alguna gente se esfuerza hacia arriba, porque creen que sólo se trata de subir más alto (más alto que algún otro), cuando en realidad deberían esforzarse hacia abajo. Verás, le diría, no hay la manera de ser algún otro, que la de ser ese otro, y no hay la manera de expresar conocimiento o sabiduría, si no se ha alcanzado sabiduría o conocimiento, lo cual precisamente no puede alcanzarse, porque la verdadera sabiduría o conocimiento es algo que se filtra, más bien que se alcance, y cuando se filtra, es que está sucediendo algo muy importante, muy profundo dentro de nosotros. En cualquier caso, cuando queremos alcanzarlo, como se alcanza lo demás, tampoco nos estamos portando con mucha sabiduría.
Tampoco la sabiduría es un objeto.
Y la humanidad? Para algunos, sencillamente, no llegará nunca, o ellos tendrán que vivir otra fase de eso que llamamos humanidad. Se puede alcanzar, por ejemplo, la humanidad de Machado? O la de Zagajewski?
Benditos sean los poetas con la humanidad de Machado y la de Zagajewski, la profundidad que ellos han sedimentado, la emoción sedimentada de la que ha parecido surgir la alegría o la melancolía clara de sus poemas. Bienvenidos poetas como ellos en los que la conciencia casi parece fundirse o confundirse con la llama serena de la compasión.
La compasión, la serenidad, la melancolía (la mejor especie de melancolía, la que va con la mirada), nutren y originan los poemas de Zagajewski. Sus versos surgen de esa mirada:
“La tormenta tenía dorados cabellos manchados de negrura y gemía monótona como una mujer vulgar que da luz a un futuro soldado, quizás a un tirano.
Las inmensas nubes, buques de varios pisos, nos rodeaban, y los hilos escarlatas de los relámpagos se movían rápidos y nerviosos.
La autopista se transformó en el Mar Rojo. Íbamos por la tormenta como por un abrupto valle. Tú conducías; te miraba con amor.
No siempre, sin embargo, ha sido así. Zagajewski nació en Polonia (Lvov, 1945, hoy en día Ucrania), y las circunstancias políticas de su época y de su país determinaron su inicial postura poética, crítica y de compromiso. Pero más adelante se sintió “limitado” por ese tipo de poesía, lo que coincidió con su salida de Polonia, y entonces descubrió la “alegría” de un tipo de escritura más personal, de una poesía que, en sus propias palabras, “acaba siendo la ciencia de lo cotidiano”. Más tarde, diría también: “la poesía está en otra parte, más allá de las inmediatas luchas partidistas”.
Algo de esa mirada de Zagajewski parece surgir también de su condición de exiliado o de viajero. Los paisajes, los seres humanos, las cosas, incluso los acontecimientos, parecen flotar como nubes que transportan recuerdos unas veces, alimento inmediato otras, tal vez ese alimento espiritual que transporta lo contemplativo, y donde la obra de arte se transforma también en un medio vivo de acceder al sentido más sublime de “esa ciencia de lo cotidiano”. En resumen, la cultura, lo que habitualmente llamamos así, renace en ese contacto fugaz y sin prisas de las cosas con el viajero.
Es otra característica de la poesía de Zagajewski: la ausencia de prisas y, sin embargo, la fugacidad, el movimiento, el sentido de la pérdida, que hay en el exiliado, no sólo de su país, sino también de una parte importante de su memoria y de su tiempo, ahora compensado por una pluralidad de imágenes en imperfecta rotación, que acaso tiene mucho que ver con la belleza, con una belleza que parte y que a la vez no descansa.
Tal vez sólo en la totalidad, pero entonces ya no es sólo belleza. Zagajeswski también acierta al describir esto:
La música que escuchaba contigo en casa o en el coche o incluso durante un paseo no siempre sonaba tan pura como quisieran los afinadores de pianos; a veces se inmiscuían voces llenas de pánico, de dolor, y entonces aquella música era mucho más que música, era nuestro vivir y nuestro morir.
Poemas de Adam Zagajweski extraídos de los siguientes libros:“Deseo”, Ed. El Acantilado, traducción de X. Farré.“Antenas”, Ed. El Acantilado”, traducción de X. Farré.
Francisco González Castro
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Despedidas no pedidas
Marta se fue de momento. Mónica se fue y no sabemos si en la proxima vuelta el mundo nos la devolverá. Se va Verónica, pero solo media, la otra media siempre fue y será de aquí.
MEDIA VERÓNICA.-
Dice el viejo saber africano
que hay dos tipos
De muertos.
Los que todavía conservan personas que les recuerdan
En la tierra.
Y estos no son auténticos muertos.
Y los que ya han perdido todas las conexiones con la tierra que les vio nacer.
No hay nadie que les recuerda y les rece,
O les cante canciones, o lleve flores a su tierra
Acogedora.
Ella era frágil y de una espiritual carnalidad.
Yo pensé siempre que eso de que quien muere
Está más presente que cuando estaba vivo era un tópico:
Pero ahora con ella se que es verdad hasta lo más profundo
Que una verdad puede llegar, o más aún.
Y ahora otra chica se nos ha ido triste y con las prisas
De los que se despiden demasiadas veces,
Para no apurar demasiado el sufrimiento y apuñalar
La salud propia.
Pero en esto de las despedidas, siempre,
La peor parte se la lleva el que se queda.
Pero el mundo es redondo y gira, gira:
Como el pelo de la chica que se va.
Quizá en una de esas locas vueltas
Nos volvamos a encontrar y a despedir.
Y la mitad de ella, por lo menos,
Siempre estará con nosotros.
Era cierto, ahora es de verdad
Cuando empiezo a añorarla
Y por eso, en una magia surreal,
Está cerca, aquí, conmigo, con todos.
Álvaro Pérez
2008-05-22
MEDIA VERÓNICA.-
Dice el viejo saber africano
que hay dos tipos
De muertos.
Los que todavía conservan personas que les recuerdan
En la tierra.
Y estos no son auténticos muertos.
Y los que ya han perdido todas las conexiones con la tierra que les vio nacer.
No hay nadie que les recuerda y les rece,
O les cante canciones, o lleve flores a su tierra
Acogedora.
Ella era frágil y de una espiritual carnalidad.
Yo pensé siempre que eso de que quien muere
Está más presente que cuando estaba vivo era un tópico:
Pero ahora con ella se que es verdad hasta lo más profundo
Que una verdad puede llegar, o más aún.
Y ahora otra chica se nos ha ido triste y con las prisas
De los que se despiden demasiadas veces,
Para no apurar demasiado el sufrimiento y apuñalar
La salud propia.
Pero en esto de las despedidas, siempre,
La peor parte se la lleva el que se queda.
Pero el mundo es redondo y gira, gira:
Como el pelo de la chica que se va.
Quizá en una de esas locas vueltas
Nos volvamos a encontrar y a despedir.
Y la mitad de ella, por lo menos,
Siempre estará con nosotros.
Era cierto, ahora es de verdad
Cuando empiezo a añorarla
Y por eso, en una magia surreal,
Está cerca, aquí, conmigo, con todos.
Álvaro Pérez
2008-05-22
viernes, 11 de abril de 2008
2º RECITAL EN LA CASA DEL LIBRO
el sábado pasado tuvo lugar el 2º recital de Arteduna en la casa del libro. Esta vez estuve como participante y como oyente.Creo que estuvo muy bien, así nos lo dijeron muchas de las personas que fueron y así por lo menos lo sentí yo.
Hubo poetas para todos los gustos, y poemas también para todos los gustos. Hubo hasta risas, con nuestro amigo Bukowsky, enfados, con nuestro amigo Guillén, ternura , con nuestro amigo Lorca....y como siempre mucha complicidad con la gente que fue a vernos y yo creo que hasta con algún curioso que pasaba por allí y se quedó a escuchar.
Ahora tenemos un sonido fabuloso, dentro de poco quizás hasta se nos oiga en el Corte inglés....la vuelta al mundo en 13 poemas o más..así se llamaba el recital...habrá otros sobre ritmo, cine...espero que nos veamos por allí, realmente es algo especial....
Hubo poetas para todos los gustos, y poemas también para todos los gustos. Hubo hasta risas, con nuestro amigo Bukowsky, enfados, con nuestro amigo Guillén, ternura , con nuestro amigo Lorca....y como siempre mucha complicidad con la gente que fue a vernos y yo creo que hasta con algún curioso que pasaba por allí y se quedó a escuchar.
Ahora tenemos un sonido fabuloso, dentro de poco quizás hasta se nos oiga en el Corte inglés....la vuelta al mundo en 13 poemas o más..así se llamaba el recital...habrá otros sobre ritmo, cine...espero que nos veamos por allí, realmente es algo especial....
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